¿Vuelve la canción protesta? Sí. Black Mountain reivindican desde Vancouver las raíces del rock'n'roll clásico con un disco homónimo, que es una patada en el estómago de todos los hypes actuales. Fundiendo sin límites post-rock, americana y vanguardia, el debut más apabullante y completo que escucharás este año se convierte en una obra extrañamente accesible.
La nostalgia por el rock de los sesenta y los setenta. Eso es lo que evoca "Black Mountain" (Jagjaguwar/ Sinnamon Records, 05), un disco exuberante que revisa los manifiestos de aquellas décadas (en especial los de The Velvet Underground, Led Zeppelin y The Rolling Stones) para dar con una moderna y fibrosa aleación de post-rock tan válida como las de Sleater-Kinney o The White Stripes.
A lo largo de ocho temas tan atados al presente como orgullosos de su pasado, y en los que incluso se atreven a vaticinar la III Guerra Mundial para el año 2030, Black Mountain combinan hechizantes baladas rugosas, con tóxicos atisbos de canción pop. A veces parecen un híbrido existencialista entre Blue Cheer y Radiohead (por su alta capacidad expresiva). Otras te recuerdan a Will Oldham. Sarcásticos y enfadados cuando cantan "another pop explosion / we can't stand your modern music" en 'Modern Music'; catastrofistas cuando dibujan la actualidad musical con un tétrico esbozo en 'No Hits' ("no hits in the modern age / have you been faking the sounds?") y pálidamente celebrativos cuando suenan los pianos honky-tonk de 'No Satisfaction', Black Mountain son un grupo sin límites creativos. Y este debut, un disco inevitable, interminable y repleto de sentido.