Texto: Sinnamon Records
Seguidor del prolífico movimiento psicodélico de los setenta, del cual todavía quedan mil y un tesoros escondidos por desenterrar, amante de la música India (Ravi Shankar), del jazz (John Coltrane) o de la americana, Christopher Gunst fue inscribiendo con sus proyectos anteriores -The Tyde, Strictly Ballroom, Further- la continuación de la historia del rock caleidoscópico y estupefaciente, en compañía de Neutral Milk Hotel, Olivia Tremor Control o The High Llamas (los heredores de Brian Wilson de azotea más perjudicada).
Tras la disolución de su última superbanda Beachwood Sparks (autores de tres maravillosos álbumes, pastorales y cósmicos) y una intensa gira americana que agotó sus fuerzas, decidió exiliarse a Santa Cruz y desenchufar los amplificadores, lejos de los desquiciantes ecos del larsen y del tedio de la rutina promocional. Junto con su colega Jennifer Cohen (líder de los saltarines y poppies The Aisler's Set), descubrió una forma de componer, totalmente integrada en su nueva y apaciguada vida, fuera del estrés de los estudios, los escenarios y los camerinos. Así, lógica y paulatinamente, nació entre el silencio y bajo el sol de California, Mystic Chords of Memory, que tomó su nombre de una cita de Abraham Lincoln de 1861, grabada para la eternidad en la roca del Monte Rushmore y que habla de la música como una memoria transferible, una fantasía universal que se difunde a través del tiempo gracias a la imaginación.
Otro amigo se apuntó a estas tardes de farniente altamente creativo, Elvin Estela, más conocido como Nobody, también cerebro inquieto de cultura musical insondable y creador desde Los Ángeles (también tierra del colectivo de hip hop bizarro Anticon) de varios álbumes de electro-jazz-hip-hop narcóticos para Plug Research o Ubiquity, y remixer o colaborador de The Postal Service, The Mars Volta o Prefuse 73. Y Nobody les confeccionó amorosamente una amplia panoplia de beats estivales, samples vegetales y scratches aterciopelados.