Texto: JabalinaUn año después de su esperanzador disco de debut, el CD-EP
"No es bueno mirar al sol",
Portonovo llegan fieles a la cita, esta vez con su primer álbum debajo del brazo titulado, como el inicio de
"El bello verano" de
Cesare Pavese,
"En aquellos tiempos siempre era fiesta".
Para comenzar, un título evocador que nos mete de lleno en el universo que, con sus canciones y sus letras,
Portonovo han ido tejiendo desde hace tiempo a su alrededor, a nuestro alrededor.
Un disco que, bajo la batuta de
Guille Mostaza (
Ellos) en tareas de producción, incluye las nuevas canciones que han ido presentado en el tiempo que va desde la publicación de su primer disco (
"La flecha valona",
"Suances",
"Las cosas lentas",
"La cuarta forma",
"Las piscinas en febrero",
"Juberías" y
"Tu casa en las alturas"), junto a otras conocidas, pero puestas al día (
"Loplop",
"Sus lagartos" y
"Ártico"), rescatadas de las que formaron parte de su única maqueta
"Alto, bajo, frágil".
Un trabajo en el que el sexteto madrileño, que durante la grabación integraron
Reyes García-Miró (voz),
Carlos Ynduráin (programación, melódica y voces),
Pablo Hernández (guitarras),
Iñaki Cano (teclados),
Daniel García (bajo) y
Luis Porras (guitarras), recopila gran parte de su repertorio dotándolo de una brillantez y de una intensidad excepcional. De este modo, las señas de identidad que les han caracterizado desde sus comienzos, basadas en una notable línea melódica, que la impronta literaria de
Carlos con sus letras tan especiales y la preciosa voz de
Reyes se encargaban de acentuar, se han visto potenciadas por el sonido hacia el que ha ido evolucionando el grupo y que ha culminado con un brillante trabajo de producción a cargo de
Guille Mostaza. Ahora, las bases y las programaciones, así como los bajos y las guitarras ganan en fuerza y determinación, perdiendo la timidez que pudieron tener en sus comienzos, mostrándose durante todo el álbum con una diversidad de registros deslumbrante. Un crecimiento en todos los sentidos, el evidenciado por
Portonovo en
"En aquellos tiempos siempre era fiesta", que en ningún caso ha ido en detrimento de esos arreglos, ambientes y paisajes de luminosa melancolía que siempre han impregnado cada una de sus composiciones y que con tanto acierto y efectividad logran transmitir.
"En aquellos tiempos siempre era fiesta" sin duda marcará el final de este 2004 y la trayectoria del joven sexteto madrileño, por reunir todos los ingredientes requeridos para ser uno de los discos del año y por ser una de esas obras con carácter y personalidad con la que sus autores marcan distancias de la línea de grupos coetáneos con los que
Portonovo han ido creciendo y se les ha podido emparejar.