En su álbum de debut, este grupo afincado en Madrid da en el centro de la diana de la generación que ha crecido con Death Cab For Cutie y The Postal Service, con "Un año de libros viejos y los restos de un incendio", se adentran en uno de los senderos menos transitados de nuestro país, el que va de la indietrónica más melancólica de grupos como The Notwist o Lali Puna hasta el pop más cercano de Mercromina o Maga.
Un tesoro de orfebrería pop, alumbrado en castellano, en el que cada canción se construye sobre una cuidadísima base de electrónica minimalista y una certera instrumentación que, por momentos, evoca a unos Broken Social Scene pletóricos.